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  Las Lneas de Chvez
 
 
 
Que viva la Patria nia!!
Finalmente, hoy es el da de los niños y de las niñas. Mucho ms que dedicarle estas lneas para enviarles la bendicin y mis palabras llenas de amor a todos y a todas mis pequeños y pequeñas compatriotas, a mis hijos, hijas, nietos y nietas, niños de mi sangre… Mucho ms que eso, les dedico mi vida, dediquémosle a ellos y a ellas nuestra vida.
 
 

Hugo Rafael Chvez Fras 18 de julio de 2010
 


I

La clausura, en esta semana, del V Foro Internacional de Filosofa, dej sembrada entre nosotros, de nuevo, la necesidad permanente del pensamiento crtico para entendernos en sociedad y ante la historia; para comprender las luchas actuales de los pueblos; para advertir las lecciones del pasado y para ubicarnos adecuadamente en nuestra actualidad fluida y llena de contradicciones.
La realidad histrica contempornea amerita pensarla crticamente, si queremos asimilarla a cabalidad. Debemos estar atentos a sus maneras de manifestarse y, sobre todo, aguzar nuestra visin cuando, como acontece hoy, est cargada de amenazas y de peligros.
 
Si miramos a lo lejos, hay un conjunto de elementos que resultan altamente preocupantes: los ejercicios militares que surcoreanos y gringos realizan en las aguas del Mar Amarillo; las presiones sobre Irn por atreverse a desarrollar energa nuclear con fines pacficos; la movilizacin de las armadas yanqui e israel cerca de las costas persas; la violencia que est a la orden del da en Irak y Afganistn por su condicin de pases ocupados militarmente por el imperio; el bloqueo criminal a Gaza por parte de Israel con el beneplcito de Washington.
 
Las relaciones mundiales se tensan y est ausente una voluntad poltica real para resolver las crisis. El Gobierno de Obama est demostrando ser, en las palabras y en los hechos, la segunda administracin Bush: sigue la misma lnea belicista y la misma estrategia de dominacin imperial.  Pero si acercamos la mirada a nuestra regin, nuestras preocupaciones aumentan alcanzando signos de alarma. Veamos: las declaraciones, al finalizar el mes pasado, de Arturo Valenzuela, secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para Latinoamérica, en las que asegura que “la relacin ms difcil” para ellos es con Venezuela; las permanentes y falaces acusaciones de organismos de la administracin Obama sobre nuestros supuestos nexos con el narcotrfico internacional; la presencia sorpresiva, y sin explicaciones convincentes, de miles de marines en Costa Rica con una importante flota incluida; los recientes sobrevuelos de aviones de Holanda sobre territorio nacional; la develacin de los planes de desestabilizacin violenta tras la captura del terrorista salvadoreño Chvez Abarca; la detencin de Alejandro Peña Esclusa, personaje de amplio prontuario golpista, con material explosivo en su poder; la pretensin del Senado chileno de inmiscuirse en el proceso electoral del 26 de septiembre, en franco y abominable irrespeto al Estado Nacional Bolivariano y sus instituciones; las irresponsables declaraciones de parte del Gobierno de Colombia que, de nuevo, insiste en relacionarnos con la guerrilla, lo que me oblig a anunciar una posible ruptura de relaciones si contina la locura que se ha apoderado de la Casa de Nariño, siguiendo el guin imperial.
 
¡Vaya panorama! Seramos ingenuos si a esta suma de agresiones no le damos una lectura en conjunto. Todo est relacionado y en perfecta conjuncin. Pienso que estamos delante de una reactualizacin de la doctrina imperial estadounidense que se enfrenta a los nuevos proyectos de soberana que se adelantan en Nuestra América. Tal doctrina recibe el suntuoso nombre de “Dominacin de espectro completo”, y la cual, en palabras del investigador mexicano Carlos Fazio, “forma parte de un vasto y larvado proceso de control de poblaciones, que se combina con la ocupacin, cuadriculacin y ordenamiento integral de territorios, y una refuncionalizacin de espacios geoestratégicos altamente rentables desde la ptica del gran capital”.
 
Los pases que hemos decidido labrar el porvenir con los pueblos como protagonistas de la historia, volvemos a estar en la mira. Y, por supuesto, Venezuela es el primero de la lista en la América del Sur.
 
De all que, para nosotros, es absolutamente decisivo obtener una aplastante victoria en las elecciones legislativas del 26 de septiembre. Cuando el mismo miércoles 14 de julio asist a la reunin de evaluacin y chequeo de patrullas Bolvar 200, llamé la atencin sobre la necesidad de blindar nuestra maquinaria roja de cara a una batalla que trasciende lo meramente electoral: ya se han conformado cerca del 70% de las patrullas, pero tenemos que apurar la marcha para llegar al 100% e iniciar el despliegue de nuestras fuerzas. Debemos trabajar muy duro, fusionando conciencia y organizacin, desechando —y esto va para con nuestros voceros y voceras— cualquier forma de triunfalismo.
Est en juego la vida de la Patria: no tenemos otra opcin que vencer y vencer convincentemente.
 
Y no olvidemos que, hoy por hoy, nuestra Revolucin encarna una viva esperanza para Nuestra América y para la humanidad entera. En un hermoso texto titulado Un mensaje para Venezuela, motivado por las elecciones del 26 de septiembre, dos grandes intelectuales revolucionarios, Atilio Born y Fernando Buen Abad expresan, con lcida conviccin, este sentimiento nuestroamericano y universal: “Estas elecciones son un paso ms y de todos. Estas elecciones hablarn de la alegra, franca, noble de Venezuela hoy… su condicin esencial de alma revolucionaria que nos inspira e incentiva. Los votos ahora se preparan en los corazones como un frente que representa en todo el mundo a centenares de millones de hombres y mujeres que por doquier anhelan decir a cada venezolano cunto importa que triunfe nuevamente, magnficamente, su Revolucin en las urnas, en las fbricas recuperadas, en las tierras reapropiadas, en sus debates y en sus escuelas… Coro mundial de sueños venezolanos y de todos nosotros”.
 
Ahora bien, quiero cerrar este apartado volviendo al principio de este desarrollo reflexivo. Y lo hago inspirndome en el ejemplo de Fidel —¡cun felices nos sentimos por su reaparicin pblica!— y uniéndome al espritu y a la letra del llamado de alerta que nos viene haciendo, desde hace semanas, sobre la posibilidad cierta de una guerra atmica del imperio yanqui contra el dignsimo pueblo iran: no vayamos a estar pendientes slo de las elecciones y nos sorprenda un acontecimiento de grandes proporciones. Estamos ante una situacin realmente preocupante y debemos tener capacidad de respuesta en cualquier terreno.
 
II
Este jueves, en cadena nacional, pudimos ver un espectculo inaudito: cmo opera una banda de delincuentes cuando sienten la justicia cerca. Me refiero al autodesalojo que llevaron a cabo, cumpliendo rdenes superiores, los empleados de Econoinvest: una verdadera mafia dedicada a la estafa de la manera ms descarada y cibernética.
 
Pensbamos que habamos visto todo, en materia de delitos, tras la intervencin de casas de bolsa, corretajes, y de ciertos bancos. Pero, en realidad y en verdad, el caso de Econoinvest es verdaderamente tan inslito que merece una reflexin.
A los ricos y a la clase media, que queran proteger sus ahorros en forma de bonos, esta mafia les dej el pelero. Su voracidad era tal, que de seguro se preguntaron qué le podemos robar a los pobres.
 
Como la gente humilde vive econmicamente casi al da y es poco lo que puede destinar al ahorro, estos sinvergüenzas subieron a los barrios, desde sus computadoras, a robarse las identidades y as tracalear con personas verdaderas y falsos documentos, tomando por incautos a quienes desconocan hasta la existencia de esta casa de hampones.
Todo lo fraguaron con una campaña publicitaria atractiva que los venda como empresa seria y confiable, y con unas computadoras desde las cuales urdieron toda la trama de la estafa. Esto debe encender las alarmas de nuestros organismos de inteligencia porque se trata de la salud de la economa del pas. Debemos ser rigurosamente autocrticos: no podemos seguir siendo burlados por esta clase de modalidades delicuenciales.
 
¡¡Esta es la verdadera podredumbre: El cncer en metstasis del capitalismo!!
 
III
Soy cristiano, como el que ms, y creo en el mensaje liberador de Cristo: en la buena nueva de la redencin de los oprimidos, de los condenados de la Tierra.
 
Ahora bien, cuando esta semana he pedido a nuestra Cancillera la revisin del convenio suscrito entre Venezuela y el Estado Vaticano en 1964 —negociado, por cierto, en secreto—, ello obedece a una poderosa razn: la Iglesia Catlica, a través de su alta jerarqua, pretende tener privilegios supraconstitucionales, como si fuera un poder supraestatal, y desconoce abiertamente el carcter laico del Estado venezolano.
 
Pero no slo eso: nadie puede colocarse fuera de la Constitucin y llamar a eludir el cumplimiento de las leyes, como se hizo en el infame Exhorto dado a conocer en das pasados. Recuérdese el artculo 59 de nuestra Carta Magna: bien debe saber la jerarqua catlica las consecuencias que se desprenden del mismo y que no discriminan al momento de sancionar o castigar.
Mal que le pese a la alta jerarqua catlica, la opcin mayoritaria de nuestro pueblo es por la va venezolana hacia el socialismo. Es nuestro socialismo, Bolivariano y del siglo XXI, por va democrtica participativa y de protagonismo popular. No copiamos modelos porque nuestro desafo es, robinsonianamente hablando, inventar uno nuevo, en funcin de las especificidades venezolanas.
 
IV
Qué emocionante, emocionante hasta las lgrimas, fue contemplar el proceso de exhumacin de los restos mortales de nuestro Libertador el jueves 15 de julio. En aquellos huesos gloriosos poda sentirse su viva llamarada. La llamarada que somos nosotros, porque en nosotros: ¡Bolvar vive!
 
Y ahora, cuando nuestro pueblo ha visto con infinito respeto el descubrimiento de aquellos restos, una inmensa llamarada de amor y de pasin Patria ha comenzado a recorrer el alma nacional, el espritu nacional, el cuerpo nacional.
 
¡Pobres de aquellos que no lo sientan!
 
¡Vivamos intensamente nosotros, los patriotas y las patriotas, esta Era Bolivariana!
 
Finalmente, hoy es el da de los niños y de las niñas. Mucho ms que dedicarle estas lneas para enviarles la bendicin y mis palabras llenas de amor a todos y a todas mis pequeños y pequeñas compatriotas, a mis hijos, hijas, nietos y nietas, niños de mi sangre… Mucho ms que eso, les dedico mi vida, dediquémosle a ellos y a ellas nuestra vida. Digamos con Mart: “Todo lo que hacemos es para los niños”.
 
¡Que viva la Patria niña!
Hugo Chvez

 
   
          
 
         
 
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