Opinión
Viernes 14 de Marzo de 2014 | 11:49
Venezuela: el problema central se llama EU
Venezuela: el problema central se llama EU
TeleSur/ Por Miguel Ángle Ferrer

Venezuela, por supuesto, enfrenta muchos problemas. Pero no cabe duda que el principal de esos problemas se llama EU. Es Washington quien idea, programa, instruye, dirige y financia las pequeñas pero ruidosas protestas contra el gobierno nacional.

Caracas,

Venezuela, por supuesto, enfrenta muchos problemas. Pero no cabe duda que el principal de esos problemas se llama EU. Es Washington quien idea, programa, instruye, dirige y financia las pequeñas pero ruidosas protestas contra el gobierno nacional.

Y son los medios de comunicación dependientes y al servicio de la política imperial de EU los encargados de magnificar esas protestas nada pacíficas. Objetivamente se trata de un clásico movimiento de pinzas. Por un lado se organizan protestas financiadas por Washington y acto seguido los medios al servicio de la Casa Blanca magnifican y difunden engañosamente tales protestas.

Pero, desde luego, no queda ahí la participación de EU. Apenas ayer, el secretario de Estado, John Kerry, amenazó a Venezuela con imponerle sanciones económicas que, como el mismo Kerry reconoce, lastimarían más al pueblo venezolano que al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

De eso precisamente se trata. De restarle apoyo popular a Maduro; de aumentar el odio de las clases pudientes contra el chavismo; de ir generando un clima de crispación social que vaya generando las bases de respaldo a un ansiado golpe militar, tripulado, obviamente, por EU.

En su obsesivo propósito de derrocar a Maduro y apropiarse nuevamente de Venezuela, EU ha decidido enfrentarse a la comunidad de naciones latinoamericanas y caribeñas que, salvo el vergonzoso caso de Panamá, respaldan al gobierno constitucional de Maduro y condenan las acciones subversivas en curso orquestadas, financiadas y manipuladas mediáticamente por Washington.

Un respaldo latinoamericano y caribeño que incluso se ha manifestado rotundamente en el seno de la OEA, la Organización de Estados Americanos, un organismo que, a diferencia de su lacayuno pasado, hoy se niega a seguir siendo vasallo de los designios imperiales.

Al mejor estilo de Teodoro Roosevelt, hoy Obama y Kerry hablan suavemente pero empuñan un gran garrote. Llaman al diálogo y a la negociación e invocan la paz, pero al mismo tiempo, y como complemento de la subversión y la desestabilización, ahora mismo empuñan el garrote amenazador de las sanciones económicas. ¿Se requiere mayor prueba de la activa participación de EU en los actos desestabilizadores y los aprestos golpistas contra Maduro?

Esta es la cuestión central: la existencia de problemas económicos, sociales y políticos de Venezuela no son una excepción. Son la regla en todo el mundo y a lo largo de la historia. Venezuela tiene ahora una inflación del veintitantos por ciento, asunto perfectamente manejable. En México hace apenas treinta años la inflación llegó a ser de mil 200 por ciento. Y no se cayó el gobierno ni hubo aprestos golpistas. Poco a poco y con las medidas adecuadas la tasa inflacionaria se redujo hasta llegar, como ahora mismo, a la constante internacional que es del diez o doce por ciento anual.

Sólo que en Venezuela esos problemas que podríamos llamar comunes se ven exacerbados por la deliberada y malévola intervención de EU. No hay en Venezuela problema económico que no pueda ser resuelto en un clima de tranquilidad política. Por eso precisamente se busca alterar o destruir esa atmósfera de serenidad. De eso se trata: de acosar a Maduro para que los problemas económicos no se resuelvan y, si es posible, se agraven.

No son el mundo ni Venezuela un laboratorio en el que se puede analizar y resolver un problema aislando los factores que lo componen para determinar el factor esencial. Pero es claro que en el actual caso venezolano, como antes Guatemala, Chile o Nicaragua, el factor esencial de la desestabilización y sus dolorosas consecuencias es la política imperialista de EU. Y sólo no lo ve quien no quiere verlo.