Opinión
Miércoles 12 de Marzo de 2014 | 10:53
Detrás de la barricada
Detrás de la barricada
YVKE/Carola Chávez

Detrás de sus barricadas, el terror. Vecinos incitando a vecinos a identificar a “los sapos”, y sapo puede ser cualquiera que la histeria vecinal señale. Sapo es la madre de un niño febril que necesita un pediatra y reclama su derecho a salir del encierro.

Caracas,

Llenaron de escombros sus calles en una protesta tan mutante como incoherente. Cada día, sus motivos son otros aunque el motivo real siempre es el mismo: su voto vale más que el de las mayorías, así que “Chávez -perdón- Maduro, vete ya.”

Detrás de sus barricadas, el terror. Vecinos incitando a vecinos a identificar a “los sapos”, y sapo puede ser cualquiera que la histeria vecinal señale. Sapo es la madre de un niño febril que necesita un pediatra y reclama su derecho a salir del encierro. Sapo es la señora de servicio del piso 3, y la del 7 y si a ver vamos todas las señoras de servicio porque en el reino del terror los negros no son sospechosos sino culpables. Sapo es el vecino que no cacerolea por no angustiar a sus hijos y a otros hijos de otros padres que están convencidos de que a cacerolazos y a golpes se resuelven las cosas. Sapo es todo lo que huela a cordura en el reino del terror.

Detrás de barricadas que ayer eran para tumbar al Gobierno y que hoy son sus defensas contra un ataque inminente de “violentos colectivos” que son como el Coco que te comerá. Como el sapo, los colectivos son cualquier cosa que la histeria vecinal decida. Así es como el repartidor de pizzas de cada domingo ahora es un colectivo, y el mototaxista, y el mensajero de la oficina, y el conserje que tiene una moto por no poder tener carro -a ese hay que botarlo-. Todo el que ande en una moto barata es colectivo violento y viene por ellos, por la gente decente y pensante, porque les tienen rabia y envidia, y les van a quitar la casas en un burdo reestreno de la misma película fallida de 2002, de 2004, de 2007, del dos mil siempre...

Detrás de la barricada están los niños de entonces, aquellos que crecieron con el pánico traumatizante del “se los van a llevar a Cuba”. Niños amamantados con Marta Colomina y el Ciudadano, atizando, a punta de terror, un odio a fuego lento que hoy da sus frutos podridos en muchachos y muchachas nice que desean, celebran y propician la muerte de “los marginales resentidos”, sin ver que la marginalidad y el resentimiento está justo ahí, detrás de su barricada.

Del otro lado, el país y la vida, con sus altos y bajos, con errores y aciertos, con nuestras diferencias, sí, pero la vida.